El Clan Puccio




Los Puccio fueron una familia algo “tradicional” que vivían en San Isidro, Buenos Aires. El jefe de la familia, Arquímedes Puccio, fue un contador que había trabajado para el Ministerio de Relaciones Exteriores. Su esposa, Epifanía Ángeles Calvo, era una profesora de contabilidad, quien dejó todo para dedicarle tiempo a sus cinco hijos: Alejandro, Silvia, Daniel, Guillermo y Adriana.

Según los vecinos, la familia asistía a misa todos los domingos. Una familia muy católica. Si bien Arquímedes parecía un hombre poco sociable y serio, en su cuadra pensaban que era buena gente, y era muy conocido por salir todos los días a barrer la vereda de su casa. Lo hacía a toda hora, por lo que lo apodaron como “el loco de la escoba”. Poco imaginarían que esta era solo una fachada para ocultar aquellos actos macabros y oscuros que ocurrían en su casa.

Todo comenzó en 1982. Alejandro Puccio se volvió un conocido jugador de rugby argentino, y estaba rodeado de muchas amistades adineradas. Fue allí donde su padre, Arquímedes, vio una gran oportunidad para iniciar sus secuestros extorsivos. Le contó de sus planes a sus antiguos amigos Guillermo Fernández Laborda, el coronel retirado Rodolfo Victoriano Franco, a Gustavo Contepomi y a Roberto Oscar Díaz, a quienes conocía de sus tiempos de militancia en la ultraderecha peronista. Todos aceptaron formar parte del “negocio”.

La famosa bañera.
La primera víctima fue Ricardo Manoukian, un joven de 23 años de edad. Manoukian era amigo de Alejandro, y fue justamente gracias a él que el clan pudo secuestrarlo el 22 de julio de 1982. Lo mantuvieron durante nueve días atado de pies y manos, encapuchado en la bañera del baño del segundo piso. Un dato curioso es que Arquímedes siempre le pedía a su esposa un plato más de comida, y ella sin preguntarse a quien se lo iban a dar, lo preparaba. Así alimentaban a sus víctimas. El clan pidió a la familia Manouikian 500,000 dólares para dejar en libertad a Ricardo, a lo que accedieron, pero a pesar de que cumplieron con su parte del trato, el joven jamás volvió a casa. El 30 de julio fue asesinado con tres disparos en la cabeza, y su cuerpo fue arrojado a un río.

Arquímedes.
Al ver que su modus operandi era eficiente, en menos de un año decidieron secuestrar a quien sería su segunda víctima: Eduardo Aulet, de 25 años de edad. Fue un ingeniero industrial, y también jugaba al rugby. Fue secuestrado el 5 de mayo de 1983, cuando se dirigía a su trabajo. Esta vez, fue Gustavo Contepomi quien entregó a la víctima, ya que era la pareja de la abuela del joven. A diferencia del primer secuestro, pidieron solo 150,000 dólares, pero la familia Aulet no aceptó en primera instancia, por lo que los secuestradores obligaron a Eduardo a escribir dos cartas pidiendo que hagan la entrega del dinero. Otra vez, la familia cumplió con su parte del trato, pero el joven fue asesinado. Su cuerpo apareció cuatro años más tarde.

Al año siguiente, en junio de 1984, el clan decidió que era hora de un tercer secuestro, y esta vez, la victima seria el empresario Emilio Naum, de 38 años de edad y dueño de las tiendas McTaylor. La idea era que Emilio detuviera su auto al ver que Arquímedes le hacía señas en la calle, ya que ambos eran conocidos, y así sucedió. El plan iba saliendo a la perfección, pero el empresario no llegó siquiera a ser capturado, porque al darse cuenta de lo que sucedía, se resistió, aun cuando tenía a dos hombres que intentaban reducirlo. Al forcejear, uno de los secuaces de Puccio apretó el gatillo de su pistola, ejecutando inmediatamente a Emilio. Fue asesinado de un balazo, y el clan se dio a la fuga. Hasta este momento, no había indicios que vincularan a los Puccio con los asesinatos.

En julio de 1985 decidieron llevar a cabo su cuarto y último secuestro, a una señora de 58 años de edad, Nelida Bollini de Prado. La capturaron en la calle cuando se dirigía a visitar a sus nietos. Estuvo secuestrada más de 30 días en un calabozo que habían construido en el sótano de la casa de los Puccio. A la señora le hacían creer que estaba en un campo. La mantenían encadenada de pies y manos, y solo la liberaban cuando necesitaba ir al baño, que estaba hecho con un tacho de 20 litros y una tabla. Ninguno de los días que estuvo secuestrada fue higienizada.

Para este momento, la policía ya sospechaba que el clan Puccio tenía que ver con el secuestro de la señora Bollini, pero no sospechaban nada de los anteriores asesinatos. Fue así como el 23 de agosto de 1985 la policía atrapa a Arquímedes junto a su hijo Daniel y al resto del equipo cuando estaban por cobrar el rescate. En la noche, la policía irrumpió en la vivienda de los Puccio, liberando a la señora Bollini, y deteniendo a Alejandro. En la casa también se encontró una lista con los nombres de 10 personas a quienes tenían planeado secuestrar.

Los secuestrados.
La esposa, las hijas y la novia de Alejandro negaron tener conocimiento sobre lo que ocurría en la casa. Al parecer ninguna tuvo la intención de saberlo. No se pudo demostrar que tuvieran complicidad en los secuestros.

Casi tres meses después, a Alejandro le toco ir a declarar al Palacio de Justicia, pero la presión fue demasiada, y antes de llegar a la sala, se lanzó desde el quinto piso del edificio cayendo sobre un puesto del vestíbulo de la planta baja. Para su mala suerte, sobrevivió. En diciembre de ese mismo año, fue condenado a cadena perpetua. En abril de 1997, fue liberado por la ley del 2x1, pero volvió a ser detenido a finales de los 90’s porque la justicia entendió que su liberación no había sido correcta. Falleció en el año 2008, debido a las secuelas de que la caída le produjo. Defendió su inocencia hasta su muerte.

Arquímedes Puccio también fue condenado a cadena perpetua, y estuvo preso durante casi 23 años hasta que fue liberado por la misma ley que liberó a su hijo Alejandro. Se fue a vivir a la casa de un pastor evangelista, en General Pico, provincia de La Pampa, ya que ni su esposa, ni sus hijas, querían saber de él. Murió solo, en el año 2013 a los 84 años, y fue enterrado en una fosa común. Tampoco reconoció ser el autor de los asesinatos.

Con respecto a Daniel Puccio, fue hallado culpable en el año de 1998, con 13 años de condena, pero antes de ser detenido, se dio a la fuga. En agosto de 2011 su pena se extinguió y dos años después fue retirar la constancia de extinción de la condena para seguir en libertad.


Maldita familia.




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